sábado, 6 de septiembre de 2014







Sader es un tipo inteligente, capaz. 
Un compañero, podemos decir 
(Si utilizamos el término en sentido amplio, casi como genérico) 

Por eso no se entiende que, para analizar la evidente restauración conservadora en curso en la región (el imperio contraataca), que inició con la muerte del Comandante Chávez (anticipada por la de Néstor y el final de los mandatos de Lula) y por la elección del Cardenal Bergoglio como papa, originario este de una de las iglesias mas reaccionarias de la región (Intento que hasta ahora al imperialismo le va saliendo mal con Bergoglio mutado en Francisco), 
Sader se ocupe de incluir a lo que él, reformista de centroizquierda, intelectual progre, considera ultraizquierda (¡Ve ultraizquierda, hoy, en la región! ¡De terror!) entre las causas facilitadoras de la restauración, en lugar de concentrarse en analizar las limitaciones de clase de las alianzas y liderazgos regionales que, por sus propias debilidades conceptuales, cobardías políticas y agachadas éticas, se van mostrando inútiles para continuar y profundizar -y así, evitar hundirnos-, los procesos iniciados con Chávez, Lula y Néstor.

C.V.


miércoles, 3 de septiembre de 2014



La discusión sobre el pensamiento nacional y las tradiciones políticas argentinas.

Pasado y presente de la tradición nacional popular
Por Eduardo Jozami (*)

ES CORRIENTE ASIGNAR A LA TRADICIÓN UN sentido conservador. La idea se vincula con la herencia cultural, la afirmación de legados, el rescate de momentos y figuras del pasado: todo ello podría considerarse a contramano de la tendencia dominante desde la emergencia de la Modernidad que afirmó la creencia en un progreso ilimitado como norma del desarrollo de las sociedades.

Sin embargo, a pesar de que allí se generaba una mirada optimista hacia el futuro, desde entonces los cambios más radicales han buscado siempre su anclaje en el pasado. La Revolución Francesa que quiso fundar de nuevo la historia, instalando un nuevo calendario, inspiró su liturgia en la república romana y, también, en los escritos de Mariano Moreno, que están en el origen de nuestro proceso emancipador, donde las referencias a Rousseau y a otras novedades del pensamiento de la Ilustración se acompañan con citas de la más antigua legislación foral española.

Toda tradición se construye y redefine a partir de las necesidades del presente. La llamada “tradición nacional popular argentina” no constituye una excepción. Múltiples expresiones de resistencia de los caudillos provinciales a la hegemonía porteña jalonaron las primeras décadas de vida independiente, hasta que se consolidó el proyecto de inserción dependiente del país en el mercado mundial.

El radicalismo, en su lucha por la reivindicación del sufragio, retomó esas tradiciones del federalismo como movimiento popular del siglo XIX. Sin embargo, Hipólito Yrigoyen se cuidó de poner límites a esa filiación, en la medida que pudiera excluir el legado del liberalismo argentino: en un país donde el fraude y la violencia política que excluía a las mayorías reinaban de hecho pero cuya Constitución Nacional no establecía restricciones al voto universal masculino, este derecho a la participación electoral podía fundarse también en la norma liberal de1853.

Más tarde, la tarea realizada por Forja, en la década de 1930, profundizó el legado radical acentuando sus aspectos más populares y generó un discurso nacionalista en lo económico que trascendía el pensamiento de Yrigoyen. Más allá de las complejidades de la relación entre Perón y los forjistas, no caben dudas de que el de Arturo Jauretche y sus compañeros sería el principal aporte doctrinario al peronismo, movimiento al que se incorporarán muchos dirigentes radicales. A izquierda y derecha del espectro político, también otros grupos se incorporaron al nuevo movimiento.

Perón retomará desde la Secretaría de Trabajo los proyectos de leyes laborales presentados, en su momento, por los diputados socialistas y, a pesar de la oposición cerril de los dirigentes del PS, ingresarán al peronismo muchos dirigentes sindicales del socialismo, junto a intelectuales nacionales como Manuel Ugarte, que siempre enfrentaron la línea liberal dominante en el partido.

En cuanto al Partido Comunista, Rodolfo Puiggrós, principal de las figuras escindidas a comienzos del gobierno de Perón, se convertirá en una de las fundamentales referencias intelectuales para el peronismo setentista.

En la formación del discurso del peronismo de la resistencia también tendrían gran influencia intelectuales de origen trotskista y de la izquierda nacional, entre los cuales Jorge Abelardo Ramos fue el más notorio.




Luego de los intentos frustrados por constituir tradiciones de las llamadas “terceras fuerzas”, que no llegaron siquiera a consolidarse como identidades políticas, la emergencia del kirchnerismo abre a comienzos del nuevo siglo otra etapa del movimiento popular. El tronco principal de esta experiencia, que rescata al movimiento creado por Perón de la ciénaga menemista, proviene del justicialismo, pero la presencia de otras vertientes es, sin embargo, significativa. Esta composición plural se suma a la originalidad del discurso kirchnerista y al dato cierto de que muchos dirigentes provenientes del Partido Justicialista –que siguen expresando el giro neoliberal de los años 90–militan en contra del actual proceso político, para advertir que el kichnerismo constituye claramente un momento político diferenciado en relación con el peronismo originario.

Un recorrido tan sumario y elemental por nuestra historia política sólo se justifica por la necesidad de enunciar algunas conclusiones.

Resulta evidente que las fuerzas asociadas a la tradición nacional popular–en la que incluimos al radicalismo yrigoyenista–han ocupado siempre el centro de la escena en los momentos de transformaciones profundas en la vida política y en la sociedad argentina, pero también es cierto que, en cada caso, se han constituido nuevos alineamientos que modificaron el cuadro político preexistente, y que el discurso de las nuevas fuerzas recepta contenidos y formas del lenguaje y la acción política que provienen de diversas corrientes ideológicas y tradiciones culturales.

Nada más lejos de reflejar este proceso rico y contradictorio que la postulación de una tradición nacional compacta, un pasado ya plenamente configurado en el que podamos encontrar soluciones a todos los interrogantes.

En consecuencia, la referencia al revisionismo histórico –aporte fundamental hace más de un siglo para cuestionar la visión liberal de la historia argentina– mal puede agotar la consideración de los problemas que hoy plantea la cuestión nacional popular. En principio, porque no se trata de afirmar una línea única que en cada circunstancia haya expresado la posición nacional sino de recoger todos los aportes que, muchas veces desde trincheras diferentes y hasta enfrentadas, se han hecho para la construcción de la memoria popular y el proyecto emancipador. 

Por otra parte, por razones de época, poco encontraremos en el revisionismo sobre muchas cuestiones que interpelan hoy a la cultura nacional popular: la historia de los trabajadores y las mujeres, el pasado de las izquierdas o los nuevos temas vinculados a la expansión de derechos, a una igualdad más plena y al reconocimiento de la diversidad sexual.

En suma, concebimos una tradición nacional popular renovada y abierta a recibir todos los aportes, un texto que está siempre reescribiéndose, antes que el Gran Libro en el que ya se encontrarían todas las respuestas. Una cantera de pensamientos y experiencias en la que debemos sumergirnos con la pasión del coleccionista o el buscador de perlas –como quería Walter Benjamin– para recoger otras voces y recuperar episodios menos frecuentados.

La historia oficial construida desde el poder, la de quienes siempre han triunfado, tiene una coherencia, una linealidad, a la que no podemos aspirar quienes queremos recuperar la memoria de los vencidos, que es necesariamente fragmentaria. Cada avance que logramos hoy en el camino de la expansión de derechos, de la justicia social y la afirmación latinoamericana convoca necesariamente esos momentos del pasado. Hay que tener la disposición para recibirlos porque en este presente también ellos encuentran un nuevo sentido. 


En CUADERNOS POR UNA NUEVA INDEPENDENCIA. Pensar la Argentina entre dos Bicentenarios. Nº 1. Setiembre de 2014. Ministerio de Cultura. Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional.

(*) Eduardo Jozami, Doctor en Ciencias Sociales y profesor titular consulto de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Profesor del Posgrado en Historia de la Untref. Hoy dirige el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, en el predioque ocupara la ESMA.




USO Y TENENCIA DE LA TIERRA
Los comunistas y la reforma agraria


Es necesario poner en agenda el debate público y nacional 
sobre las formas y los contenidos que deberían conformar 
la Reforma Agraria Integral que nuestra Patria necesita.


Por Comisión Agraria del Partido Comunista


En momentos en que se le cantan loas al modelo agropecuario hegemónico atado a los designios de los agronegocios del imperialismo y al impulso de los mentores del “capitalismo bueno”, parece atinado insistir en la necesidad de impulsar el gran debate nacional pendiente, sobre el uso y tenencia de la tierra en la Argentina. 

Por lo que desde comisión agraria del partido comunista, creemos necesario revitalizar el debate sobre el diagnóstico y las propuestas de reforma agraria integral, impulsada una y mil veces por nuestro partido.

En tal sentido es conveniente hacer un poco de historia. La propuesta de reforma agraria integral, fue siempre bandera de lucha entre los comunistas argentinos, prácticamente desde la fundación del PC en 1918;  fue además el que presentó el primer proyecto a través de la camarada Alcira de la Peña en 1962. Desde los anales de la historia de nuestro partido estuvo presente dicha consigna.

El partido de los comunistas argentinos fue impulsor junto a otros sectores combativos y de izquierda de la creación de nuevas organizaciones agrarias y de trabajadores rurales y campesinos en diversas provincias y regiones. 

Fue destacable la labor de nuestros camaradas en el desarrollo del movimiento contra los desalojos de las juntas en defensa de la producción, en la creación de centenares de sindicatos de oficios varios, en la organización de filiales de la FAA, y aquí debemos destacar al camarada Mario Pellegrini quien ayudo a organizar sindicatos de obreros rurales, así como las filiales de FAA de Arroyo Seco y General Lagos, y la cooperativa de productores de Arroyo Seco.

Asímismo en mayo de 1965 convocado por la CGT dirigida por José Alonso se realizó en Sta. Fe el congreso por la reforma agraria, con la participación de 500 delegados de organizaciones obreras, la FAA, COCOPRA, y el movimiento de los partidarios de la reforma agraria. 

El despacho del congreso rezaba: 
“Deberá modificarse el sistema de tenencia de la tierra base fundamental de todas las demás resistencias estructurales para lograr una real y efectiva redistribución de la propiedad privada en función social, mediante la supresión del régimen de latifundio y de las formas atrasadas disociativas de la propiedad y la explotación de la tierra, como arrendamiento, aparcería etc.”.

Producto de las luchas de esos años y al impulso de nuestro partido se fundó el movimiento nacional de partidarios de la reforma agraria, a través del cual nuestro partido bregó incansablemente y hasta el día de hoy por la articulación de un gran movimiento nacional encabezado por la clase obrera para el logro de dicho objetivo. 

Además se estableció la necesidad de resguardar el patrimonio del suelo argentino frente a las compañías extranjeras. 

Nuestro Partido entonces trabajó para dar nacimiento junto a otros sectores a UPARA (Unión de productores Agrarios de la República Argentina), quien el 15 de noviembre de 1973 con las firmas de su presidente Antonio Norman García y su secretario general José María García presentó un proyecto de reforma agraria inspirado en las resoluciones del congreso de Santa Fe. 

Asimismo impulsado por los comunistas en la 31 asamblea Nacional de la Unión Ferroviaria, realizada e en mayo del 63, se aprobó una importante resolución reclamando la realización de la Reforma Agraria en cuyos considerandos se decía: 
“la suerte de los ferrocarriles argentinos está íntimamente 
vinculada al sistema de redistribución de la tierra” 
y a continuación se enumeraba un articulado referente 
a como se concebía entonces la reforma agraria.

Hoy ante los avances “aparentemente inevitables” del capitalismo agrario, y el despliegue inconmensurable de su modelo agrario basado en la aplicación de tecnologías de insumos, profundizadoras de la dependencia, potenciadoras de la concentración económica, devastadoras de la naturaleza y la fertilidad , despobladoras del campo y consiguientemente afianzadoras de la dominación económica y política, se torna imprescindible reimpulsar el debate por la reforma agraria integral, tal como lo venimos haciendo a través, del MCL (que tiene como base programática, el impulso del ordenamiento territorial, la soberanía alimentaria y la reforma agraria) y la CONAT, y los documentos del Castelar I y II y en todos los espacios de construcción unitaria en los que participamos, sometiendo al debate nuestra moderna concepción de reforma agraria , la cual concebimos podría iniciarse YA! , a través de impulsar audazmente la sanción y aplicación de un paquete de leyes agrarias que apuntalen la realización de los cambios estructurales agrarios postergados desde entonces, como:

* La ley de freno a los desalojos rurales (llevados a cabo mediante asesinatos de campesinos pobres, ocupantes originarios)

* Ley de semillas que contemple el derecho al uso propio y la defensa de la semilla originaria, rompiendo la dependencia de las semillas transgénicas que nos impone Monsanto y Cía.(tecnología de la dependencia)

* Rediscusión y modificación de la actual ley que limita la adquisición de tierras por parte de extranjeros pero no contempla la posibilidad de renacionalización de las ya extranjerizadas.

* Estatización del comercio exterior e interior de granos y carnes, así como control popular sobre las empresas elaboradoras y comercializadoras de productos alimenticios, mediante la creación de un gran organismo de control estatal agroalimentario.

* Fomento de un desarrollo agrario sustentable, mediante el cambio progresivo y gradual del actual modelo productivo, impulsando cultivos alternativos diversificadores, de perfil agroecológico basados en tecnologías de proceso existentes e invisibilizadas en distintos lugares del mundo, apoyados en la agricultura familiar, los pequeños y medianos productores.

* Fomento a la reconversión agraria y la repoblación del campo, volver a la chacra mixta (migración interna inversa, desde lo suburbios de las grandes ciudades hacia el campo)

* Creación de cooperativas agrarias modernas y eficientes.

* Ley de prohibición de fumigaciones en los ejidos urbanos, sobre cauces de ríos y escuelas rurales, desarrollando cultivos agroecológicos en los predios no fumigables.

* Creación de cadenas alternativas de comercialización de alimentos, del productor al consumidor.

* Un proyecto de esta naturaleza debería contemplar la democratización del uso y tenencia de la tierra. Por ello desde el Partido Comunista llamamos a las organizaciones políticas, sindicales, sociales, culturales, campesinas, y de los pueblos originarios pertenecientes al campo popular, a poner en agenda el debate público y nacional sobre las formas y los contenidos que deberían conformar la Reforma Agraria Integral que nuestra Patria necesita, y para lo cual es imprescindible la construcción de la fuerza frentista política y social que la lleve a cabo y la sustente.



Fuente: 
Semanario Nuestra Propuesta nº 1168
del 4 de setiembre de 2014


martes, 2 de septiembre de 2014



Las proyecciones cartográficas -que existen en gran número y facilitan alcanzar objetivos específicos, por ejemplo, técnicos, comerciales, políticos, etc.-,  son funciones matemáticas complejas que permiten realizar la representación (transformación) de la esfera al plano.

Aún así, nunca podrán conservar todas las características de la realidad.
En el pase al plano, serán inevitables las deformaciones (distorsiones)

Es clásico el ejemplo de la mitad de la cáscara de naranja que, al aplastarla, se rompe o deforma, siendo, sin embargo, el método que permite obtener un mapa continuo.

Un mapa siempre incide sobre la manera de visualizar y entender el territorio y, por lo tanto, contribuye a la construcción, soberana o satélite, de identidad nacional.

El mapa Bicontinental de la República Argentina (Ley 26.651 – Año 2010) es un claro aporte a esa construcción soberana, priorizando un concepto geopolítico y considerando realmente su propio espacio como Estado.

También, el mapa Planisferio confeccionado por el IGN – Instituto Geográfico Nacional, que prioriza a Suramérica, la región, en el contexto de la UNASUR e incluye las 6 bases antárticas permanentes argentinas y el derrotero de las 2 expediciones oficiales de nuestro país al Polo Sur, destacando así nuestra presencia sobre la Antártida.

Además, atendiendo a que “en la geografía y el espacio no hay arriba, ni abajo, ni izquierda ni derecha, entonces la ubicación de los polos y meridianos es absolutamente convencional y la mirada sobre los mismos también (…) la propuesta del IGN para enriquecer el debate es presentar no solo al nuevo mapa planisferio, sino también una variante particular que representa al Polo Sur en la parte superior del mapa”.

C.V.

Escrito de Claudio Veiga para el curso 
Cartografías del poder y geopolítica del conocimiento, Escuela de Defensa Nacional, Instituto Geográfico Nacional, Ministerio de Defensa de la Nación Argentina.