martes, 7 de octubre de 2014



FLOREAL GORINI
Temple revolucionario

Se cumplen diez años del fallecimiento de uno de los 
fundadores del movimiento cooperativo 
en la Argentina. Miembro del Comité Central y de la Comisión Política del PC, 
como diputado nacional impulsó numerosos proyectos en favor de los trabajadores.


El 4 de octubre de 2004 nos dejaba el camarada Floreal Gorini. 

Había nacido en 1922 en el seno de una familia comunista y su vida estuvo signada por la lucha y la construcción social. Militante comunista de tiempo completo, se destacó en la actividad sindical, cooperativista y política. 

Fue diputado nacional entre 1995 y 1997. Como empleado bancario del Banco Industrial, desarrolló su vocación combativa y fue protagonista, como secretario adjunto de la Asociación Bancaria en la nueva dirección surgida de las luchas del año 58 por las que fue encarcelado. Cumplió un papel protagónico en la histórica huelga del 59, enfrentando los ajustes promovidos por la deriva frondicista. En función del Plan Conintes (Conmoción Interna del Estado), decretado poco tiempo antes por el gobierno desarrollista, los huelguistas fueron “militarizados”; así sufrió persecución y pérdida del puesto de trabajo.

A partir de la fundación del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos en1958, fue un activo dirigente y promotor del cooperativismo de crédito. Con su visión de clase entendió la necesidad
de la defensa del mercado interno y la plena ocupación, difundió el autoahorro a pequeños sectores productivos que tenían cerrada la posibilidad de crecimiento, ahogados por el control financiero
que ejercían los monopolios en un país que ya estaba insertándose en la división internacional del trabajo afianzando sus vínculos con los organismos multilaterales de crédito (FMI, BM)

 Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista, siempre bregó desde los lugares en que le tocó actuar por la unidad del movimiento popular, destacándose en espacios comunes por su disposición a
construcciones plurales, sin dogmatismos pero con la firmeza de un revolucionario cabal.

Fue un atento sostenedor del proceso surgido de la Revolución de Octubre y conoció de cerca la construcción alternativa al capitalismo más avanzada de la historia. Fino observador, intuyó en sus
visitas algunas de las contradicciones internas que más tarde coadyuvarían a su caída. Sin embargo, esa amarga experiencia para el futuro del socialismo no lo intimidó y fue uno de los primeros
que atribuyó a la ofensiva cultural del imperialismo una de las causales de aquel fracaso. Estas conclusiones marcarían definitivamente los objetivos de la última etapa de su fructífera existencia.

Producto de aquella vocación frentista, línea del Partido, se postuló a diputado nacional incorporándose a la Cámara en 1995. Su paso por el Parlamento dejó una huella indeleble. Presentó gran número de proyectos entre los que se destacan el de la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final que protegían a los represores y genocidas gestados por la dictadura, proyecto
que, archivado en ese momento, se convertiría en ley tiempo después y permitiría el juzgamiento de los asesinos y sus cómplices. 

Amigo de Fidel Castro y Hugo Chávez, puso a disposición de los
transformadores procesos que encabezaban cuadros y experiencia adquirida en la construcción del movimiento solidario argentino.

Aquella experiencia del desmantelamiento de la Unión Soviética y sus aliados del este europeo, más algunos intentos de dinamizar al cooperativismo en el nuevo escenario del neoliberalismo que no prosperaron -cajas solidarias entre jubilados, cooperativas de vendedores para construir una cadena solidaria entre la producción y la distribución, una cooperativa de cartoneros-
pusieron en evidencia cuánto había calado el individualismo en la subjetividad del pueblo y se dispuso a dar la gran batalla ya descripta por Fidel siguiendo a Martí: la batalla cultural.

Poniendo todo su empeño y talento definió como objetivo construir un bastión en esa batalla. Con el apoyo del movimiento cooperativo, fundó, en 1998, el Centro Cultural de la Cooperación, que hoy lleva su nombre.

En plena crisis del 2001, cuando todo se derrumbaba, se levantaba en plena calle Corrientes, en el centro deBuenos Aires, el edificio central del Centro Cultural, que fue inaugurado con un importante acto en noviembre de 2002.

Hoy este centro cultural es una verdadera trinchera del arte comprometido y el pensamiento crítico. Por sus salas pasaron personalidades artísticas, académicas y políticas de todo el continente.

Claro ejemplo del respeto que despierta en espacios afines de nuestros países hermanos fueron las visitas del Comandante Hugo Chávez, del presidente ecuatoriano Rafael Correa y del vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, por mencionar sólo algunos nombres de gran trascendencia.

Aunque su principal actividad se tenga que dar en una ciudad hostil, gobernada por la derecha, está estrechamente vinculado a los procesos abiertos en el ámbito nacional en 2003, apuntando el rumbo de la integración de Nuestra América. 

Floreal Gorini nos deja un gran ejemplo de capacidad dialéctica y plasticidad 
en la lucha contra el enemigo principal.

Ya sea incorporando a un gremio de saco y corbata a la lucha callejera, ya en la reconfiguración del movimiento cooperativo argentino, ya como tribuno o como inspirador del Frenapo (Frente Nacional contra la Pobreza) en los umbrales de la hecatombe del 2001, tuvo claro quién movía los hilos de la reacción argentina y obstaculizaba todo proceso de integración: el imperialismo norteamericano.

En la construcción social y política para enfrentarlo puso toda su energía, su inteligencia y su tenacidad.

Coherente del principio al fin, es un emblema de comunista cabal, y así le cabe que lo recordemos con el gran saludo latinoamericano en palabras de su admirado Che: ¡Hasta la victoria siempre Floreal!

Fuente:
Nuestra Propuesta
Semanario del Partido Comunista
de la Argentina

Número 1173
9 de octubre de 2014

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